Estos días me estoy acercando a la figura del coach: en qué se diferencia del psicólogo, su formación… Y es curioso porque es una formación a la que puede acceder cualquier tipo de profesional y que dura aproximadamente un año. Un año en el que reciben herramientas prácticas de intervención además de participar en dinámicas que facilitan la introspección y el desarrollo personal. Al finalizar ése año, tienen la posibilidad de hacer prácticas de coaching individual, donde ponen en práctica todo lo aprendido en los últimos meses.
Y ahora lo comparo con la psicología, donde los alumnos pasan por cinco ó cuatro años de formación (dependiendo de si pertenece a la licenciatura o grado) en los que apenas adquirimos herramientas prácticas, impidiéndonos tener contacto directo con un paciente, de manera que podamos iniciar un tratamiento (siquiera supervisado).
¿Y qué tipo de excusa nos ponen para justificar todo esto? La necesidad de realizar un máster o posgrado después de la carrera que nos aporte el conocimiento teórico y práctico necesario.
Y con todo esto, yo me pregunto: ¿no son suficientes cinco ó cuatro años de carrera? ¿Cómo es posible que tras todo este tiempo salgamos de la carrera con tantos miedos en comparación con otros profesionales de menos años de formación? Actualmente en España hay manifestaciones por los recortes en las universidades, por el aumento de las tasas… ¿Y por qué no manifestarse por una mejora sustancial del programa formativo? ¿Por qué no exigir una mejor formación? ¿Estamos condenados a realizar cursos y máster que subsanen los vacíos de la carrera? Porque si lo entendemos así caemos en un error: un curso o un máster no debe llenar un vacío, sino que debe complementar un conocimiento previo, mejorando la práctica profesional, y ¿Cómo un recién graduado va a mejorar su práctica profesional si no la tiene?
Como os digo: nuestro sistema educativo necesita un cambio, un cambio en el programa formativo, en los requisitos de acceso, en la exigencia, en la excelencia del profesorado…
Porque no puedo evitar acordarme de unas compañeras, estudiantes de trabajo social que descubrieron en sus prácticas de final de carrera que aquello en lo que habían dedicado tantos años y horas de estudio no se correspondía con la práctica real del trabajador social. ¿Peor o mejor? NO. SÓLO DISTINTO. Y si eso sucede demuestra que hace falta actualizar, al menos, el programa de estudios de la carrera en cuestión.
¿Desilusionada? Un poco ¿Tirar la toalla? JAMÁS. Porque este camino: las personas a las que estoy conociendo, las experiencias, las herramientas que estoy adquiriendo (siempre por mi cuenta)… Me están sirviendo de “gafas” para ver una nueva realidad, en la que poco a poco estoy encontrando mi sitio como profesional.
Y es curioso cómo la vida puede dar tantas vueltas. Es imposible planificar nada, porque un nuevo camino se abre a la vuelta de la esquina, donde el destino es incierto y no pocas las sorpresas. ¿Un consejo? Nunca digas NUNCA.
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| "¿Por qué no exigir una mejor formación?" |




