domingo, 3 de junio de 2012

Coach vs Psicólogo

Estos días me estoy acercando a la figura del coach: en qué se diferencia del psicólogo, su formación… Y es curioso porque es una formación a la que puede acceder cualquier tipo de profesional y que dura aproximadamente un año. Un año en el que reciben herramientas prácticas de intervención además de participar en dinámicas que facilitan la introspección y el desarrollo personal. Al finalizar ése año, tienen la posibilidad de hacer prácticas de coaching individual, donde ponen en práctica todo lo aprendido en los últimos meses.
Y ahora lo comparo con la psicología, donde los alumnos pasan por cinco ó cuatro años de formación (dependiendo de si pertenece a la licenciatura o grado) en los que apenas adquirimos herramientas prácticas, impidiéndonos tener contacto directo con un paciente, de manera que podamos iniciar un tratamiento (siquiera supervisado).
¿Y qué tipo de excusa nos ponen para justificar todo esto? La necesidad de realizar un máster o posgrado después de la carrera que nos aporte el conocimiento teórico y práctico necesario.
Y con todo esto, yo me pregunto: ¿no son suficientes cinco ó cuatro años de carrera? ¿Cómo es posible que tras todo este tiempo salgamos de la carrera con tantos miedos en comparación con otros profesionales de menos años de formación? Actualmente en España hay manifestaciones por los recortes en las universidades, por el aumento de las tasas… ¿Y por qué no manifestarse por una mejora sustancial del programa formativo? ¿Por qué no exigir una mejor formación? ¿Estamos condenados a realizar cursos y máster que subsanen los vacíos de la carrera? Porque si lo entendemos así caemos en un error: un curso o un máster no debe llenar un vacío, sino que debe complementar un conocimiento previo, mejorando la práctica profesional, y ¿Cómo un recién graduado va a mejorar su práctica profesional si no la tiene?
Como os digo: nuestro sistema educativo necesita un cambio, un cambio en el programa formativo, en los requisitos de acceso, en la exigencia, en la excelencia del profesorado…
Porque no puedo evitar acordarme de unas compañeras, estudiantes de trabajo social que descubrieron en sus prácticas de final de carrera que aquello en lo que habían dedicado tantos años y horas de estudio no se correspondía con la práctica real del trabajador social. ¿Peor o mejor? NO. SÓLO DISTINTO. Y si eso sucede demuestra que hace falta actualizar, al menos, el programa de estudios de la carrera en cuestión.

¿Desilusionada? Un poco ¿Tirar la toalla? JAMÁS. Porque este camino: las personas a las que estoy conociendo, las experiencias, las herramientas que estoy adquiriendo (siempre por mi cuenta)… Me están sirviendo de “gafas” para ver una nueva realidad, en la que poco a poco estoy encontrando mi sitio como profesional.
Y es curioso cómo la vida puede dar tantas vueltas. Es imposible planificar nada, porque un nuevo camino se abre a la vuelta de la esquina, donde el destino es incierto y no pocas las sorpresas. ¿Un consejo? Nunca digas NUNCA.
  "¿Por qué no exigir una mejor formación?"


miércoles, 2 de mayo de 2012

La homeostasis del mundo empresarial (Nuevo post en el "Mundo de los Negocios")


En psicología, nos referimos al concepto de homeostasis al intento de un grupo por mantener la estabilidad, dificultando la desviación de cualquiera de sus miembros, imposibilitando de ése modo la creatividad o la apertura a nuevos retos.

Este concepto se utiliza mucho en terapia familiar, donde los miembros de la familia coartan la libertad de alguno de sus miembros, considerando erróneamente que cualquier cambio puede suponer el fin del núcleo familiar. Sin embargo, también puede ser aplicado al mundo de la empresa, traduciéndose en posturas cerradas a cualquier tipo de negociación o cambio, por temor a un descenso de la productividad o de los beneficios.

Éste temor está muy arraigado en España, donde aun mantenemos una perspectiva más tradicional, considerando la aparición de conflictos como algo negativo en lugar de una oportunidad de crecimiento. De ahí, que exista una falta tan significativa de actividad emprendedora en comparación con nuestros vecinos europeos.

La comprensión de los procesos inmersos en la psicología organizacional facilita la puesta en práctica de un buen liderazgo y solución de conflictos, siendo elementos indispensables para la consecución de objetivos: ¿cómo mejorar la productividad?¿y el lanzamiento de la empresa a nuevos campos de mercado?¿cómo llevar a cabo una negociación con los empleados? Todas estas cuestiones se resuelven con un estudio pormenorizado de las habilidades y recursos de los trabajadores, de tal forma que podamos desarrollar líneas de actuación que nos permita aumentar al máximo las posibilidades que nos ofrece cada uno de nuestros empleados.

Si logramos esto, resultará mucho más fácil salir de esa homeostasis y desarrollar nuevos proyectos, nuevos retos que fomenten el crecimiento de la empresa, y la afiliación de los trabajadores a nuestra marca.
Sin duda, un equipo sin conflictos ya sea en forma de cambios o retos acaba muriendo y desapareciendo, que es precisamente lo que están ocurriendo a muchas de las empresas de nuestro país. Fomentemos el cambio y lograremos permanecer.


"La homeostasis al intento de un grupo por mantener la estabilidad...
 Imposibilitando de ése modo la creatividad o la apertura a nuevos retos"


martes, 10 de abril de 2012

No todos los caminos son para todo el mundo


A pocos meses de acabar la carrera, y con la presión de lo que se hará después de la graduación me encuentro ante multitud de posibilidades: hacer un máster o posgrado, emigrar, lanzarme a hacer el doctorado, emigrar, hacer prácticas o voluntariado…

Y cuando cotejo cada una de esas opciones, me veo por ejemplo ante la inmensidad de oferta de estudios de especialización no puedo evitar preguntarme: ¿realmente sirve todo esto de algo? ¿De qué me sirve formarme más y más sino tengo apenas un contacto directo con el paciente? Una considerable mayoría de los profesionales a los que pregunto me aseguran que el mejor aprendizaje es la práctica. La práctica y más práctica. Y una vez comience a desarrollar habilidades y herramientas como profesional y “tropiece” con mis límites, será el momento de encontrar la formación que más se ajuste a mis necesidades concretas.

Imagino que esta perspectiva es muy cercana al mundo de la empresa, en donde el principal objetivo es encontrar las necesidades no cubiertas del mercado y formarte para llevarte toda la demanda posible. Como una pieza más en el ajedrez de la oferta y la demanda.

Y sin embargo, ¿Cómo conseguir ésa práctica? ¿Cuanto tiempo tendré que esperar hasta poder cobrar por mis servicios? ¿Cuando estaré preparada? Otros profesionales me sugieren que la ventaja de los posgrados reside en eso: te permiten conocer a profesionales con tiempo en el sector que te pueden facilitar “meter el pie” en el mercado laboral.

Lo que queda claro es que no basta con formarse. Hay que ser conscientes de las demandas actuales o mejor aún: qué personas pueden pagar nuestros servicios y, en el caso de contratarnos, qué encuentran en nosotros que nos hace diferentes del resto de psicólogos.
Desconozco cual es el mejor camino, es más, dudo de que tal camino exista. Lo que sí es cierto es que para recorrerlo tenemos que aprender a andar, y sólo se aprende dando un paso tras otro... Y no estaría mal que empezásemos a preguntarnos: ¿Somos capaces de arriesgar?

… Hace tiempo una amiga me dijo: “tengo miedo de estar perdiendo oportunidades” a lo que yo la respondí: “No pienses que estás perdiendo oportunidades, sino que aprovechas las que se te presentan”. Y es verdad: no todos los caminos son para todo el mundo.

domingo, 22 de enero de 2012

Terapia Narrativa

Cuando pienso en la psicología me imagino un gran árbol con multitud de ramificaciones semejantes a todas las áreas y herramientas de trabajo disponibles.

Una de ellas es la Terapia Narrativa, a la cual tuve el placer de acercarme de la mano del psicólogo canadiense Sthepen Madigan en un curso que ofreció recientemente en Madrid.

La Terapia Narrativa es un estilo muy particular de hacer terapia que se engloba dentro de la gran variedad de las Terapias Cognitivas. En ella, no se etiqueta ni diagnostica al paciente en todo el proceso (es más, son bastante críticos al respecto) en la que la persona va desarrollando su historia, su historia de relación con el problema.

A través de un lenguaje externalizador, transmiten que el problema “tiene efectos sobre” en lugar de “ser parte” del paciente. De esta forma, se logra que el paciente se distancie del problema, adquiriendo una mirada renovada y objetiva, pudiendo al fin deshacerse de todas las etiquetas y estigmas que “la cultura” (la sociedad) les había impuesto.

Gracias a este trabajo, paralelamente se desarrolla una “historia paralela” o libre del problema, creados a partir de los recursos y virtudes que la persona desvela durante la terapia y que suele considerar como algo cotidiano y desdeñable.

Personalmente, me gustan muchísimo las herramientas que ofrece este estilo terapéutico en su trabajo con menores, siendo muy diferentes a las utilizadas habitualmente (como por ejemplo modificación de conducta u otras técnicas conductuales) y desarrolladas ampliamente por David Epston, uno de los cofundadores de la Terapia Narrativa junto a Michael White.

Para no perderme en detalles, aquí os dejo una entrevista a Sthepen Madigan en las que describe su forma de trabajo con niños:

martes, 27 de diciembre de 2011

Tu Máster- Máster en Psicooncología

Después de tanto tiempo, aquí tenéis la primera recomendación, espero que os guste... ¡Ya me diréis qué os parece!


domingo, 27 de noviembre de 2011

Entre dos aguas

...Echo de menos tomarme un buen desayuno mientras escribo mi post semanal, pero lamentablemente, ese desayuno se ha convertido en un café frio y en una barrita de cereales en el tren, obligándome a escribir en los descansos que me permite el transporte público.

Mi abuela suele decir: “muchas veces la vida pasa por nosotros, en lugar de nosotros por ella” y tiene mucha razón: este mes ha muerto Steve Jobs, hemos cambiado de gobierno, han pasado 20 años desde la muerte de Mercury, Grecia ha estado a punto de salir de la Unión Europea, Berlusconi ha dimitido… Y sin embargo, sumidos en nuestra cotidianidad parece que nada cambia.


Lo mismo ocurre con la psicología en este país: en apenas dos meses,se ha impuesto la realización de un máster obligatorio para ejercer en la consulta privada, en un intento por hacer una criba del número de profesionales que se encuentran en el mercado, el COP tantea la posibilidad de que ésta nueva “digievolución” del psicólogo licenciado entre en la atención primaria de la Sanidad Pública, con la consiguiente oposición de los psicólogos clínicos que aceptan la imposición del máster pero como única vía de acceso al PIR…

Y mientras tanto, estudiantes y profesionales no clínicos seguimos aquí, entre dos aguas con un final desconcertante…

Cuando leo los foros y escucho los debates acerca de estos temas me impresiona la forma en que se infravaloran unos a otros, se recriminan, se insultan… No deja de ser un reflejo de lo que- en mi opinión- nos merecemos: ¿Cómo es posible que menospreciemos el enfoque y el valor de la formación de nuestros compañeros? ¿Por qué nos empeñamos en juntarnos en pequeños grupos con la única finalidad de quedar por encima del resto? En mi opinión, sólo se valorará la psicología en la medida en que nosotros nos valoremos y trabajemos unidos, porque solo de esta forma ofreceremos una imagen de seguridad y profesionalidad.

Y hasta que no se adquiera conciencia de esta realidad, por mucho máster, curso, oposición y asociaciones que existan nada cambiará, porque tarde o temprano acabaremos por desacreditarnos unos a otros, perdiendo de nuevo el sentido de la lucha.

Hasta que esto cambie (y me da que va para largo) yo seguiré desayunando mi café frío y mi barrita de cereales, porque creo que necesitaré fuerzas para mantenerme a flote entre tanta marea… 


domingo, 23 de octubre de 2011

Los "Psicólogos" sin título

Acabando la carrera, me doy cuenta de la evolución que he tenido no sólo vocacionalmente, sino personalmente.

Mi vocación por la psicología se ha crecentado, pero también definido y concretado. Ahora me doy cuenta de la necesidad de experimentar, de conocer otras perspectivas y leer. Leer muchísimo. Sin duda, son los ingredientes sobre los que me he apoyado para hornear mi “bizcocho” particular.

Es espectacular el paso que damos todos por la carrera, porque nos ayuda a tener más que teorías habilidades básicas para trabajar como psicólogos. Sin embargo me pregunto, ¿es necesaria la carrera para realizar actividades relacionadas con la psicología? ¿O por el contrario es más bien una actitud, entraña un estilo de vida? Cuando me planteo todas estas preguntas no me refiero a una terapia clínica, sino a un acompañamiento que sí puede resultar sanador para la persona. ¿A qué me refiero con acompañamiento? A la persona que utilice la empatía, la aceptación incondicional, la escucha activa, el diálogo socrático… Habilidades que no requieren de una licenciatura, sino de un trabajo personal intenso y profundo.

De hecho, las personas que más impacto han tenido en mi vida, que más me han ayudado a reflexionar sobre mi camino, mis motivaciones y expectativas, no poseían un título pero sí otro de muchísimo más valor: el que da la propia experiencia, la que no se lee en los libros, sino aquella que se aprecia en la mirada, la que arruga y cana el cabello. En definitiva, la que es fruto de la propia vida, siempre que sea vivida con valor y con unas ganas inmensas de mejorar y crecer.

Todo psicólogo debe atender a su formación, al igual que un abogado o que un ingeniero, pero no olvidemos aquello que nos empujó a una profesión que es en definitiva de carácter primordialmente humanista. No olvidemos el tesoro que nos aporta la experiencia, el contacto con los demás. No olvidemos sacudirnos todos nuestros complejos y estereotipos, y ahí realmente lograremos lo que deseamos ser: una herramienta útil para el otro.